Las tres caras de la conciencia (Marsella, Francia)
En esta conferencia, a cargo de Bertrand Vergely, exploramos la extraordinaria realidad de la conciencia humana. Con demasiada frecuencia, la damos por sentada. Sin embargo, constituye una de las experiencias más profundas, misteriosas y transformadoras que tiene el ser humano.
1. La conciencia: un fenómeno extraordinario
Cinco grandes sabios, desde Pascal hasta Descartes, pasando por San Agustín, nos muestran que la conciencia va mucho más allá de la simple actividad mental.
Es lo que permite percibir, comprender e interrogar el universo.
Sin conciencia, el mundo existiría quizá materialmente, pero sin significado.
Como decía Pascal: «A través del espacio, el universo me comprende; a través del pensamiento, soy yo quien lo comprende».
Nuestra conciencia es más vasta que la inmensidad cósmica que abarca.
2. La conciencia como clave de la humanidad
Sócrates lo había comprendido: ser humano es estar presente en lo que se vive.
La conciencia permite:
• cuestionar nuestros actos,
• distinguir lo justo de lo injusto,
• evitar la ilusión y la mentira,
• comprender nuestro lugar en el mundo.
Todas las grandes tradiciones espirituales, desde Buda hasta los profetas de Israel, han llamado al ser humano a esta presencia interior, a esta capacidad de conocerse a sí mismo.
3. La conciencia como motor del conocimiento.
Es la conciencia la que ha hecho posible el nacimiento de la ciencia moderna:
la alianza entre el sentido de lo infinito y nuestra capacidad de criticar y ampliar nuestra propia visión. Ser consciente es relativizar, relacionar, poner en perspectiva.
Es comprender que cada elemento cobra sentido en un conjunto más amplio.
4. La experiencia interior: fuente de transformación
Todas las sabidurías invitan a volver a uno mismo para experimentar directamente la conciencia viva. Esta experiencia puede ser fulgurante, a veces transformadora: una sensación de plenitud, de unidad, de conexión con la vida.
Muchos, tras una experiencia así, hablan de un «antes» y un «después».
5 La conciencia como realidad verdadera
Descartes lo decía: para pensar en la nada, la locura o la ilusión, se necesita alguien que piense.
La conciencia es, por tanto, más fundamental que la propia materia.
Es nuestra verdadera fuente, nuestro verdadero «origen».

